Ruta de Los MOnasterios

En el siglo V con la llegada de los visigodos a la península ibérica se crea un clima de tensión que obliga a la población de los valles a buscar lugares más seguros. En la zona que ocupa en la actualidad La Rioja la población encontró en los montes cercanos enclaves de difícil acceso para protegerse y establecer sus viviendas, excavando cuevas o aprovechando aberturas formadas por la naturaleza. Estas cuevas serán el origen de un fenómeno que se extendió por los valles riojanos, la vida eremítica, que da fe de la pervivencia del cristianismo pese a las continuas invasiones. El origen de algunos monasterios de La Rioja se remonta a las comunidades que se formaron entorno a los eremitas que allí habitaron, el Monasterio de Suso en San Millán de la Cogolla es uno de los ejemplos más importantes. San Millán, monje anacoreta nacido en Berceo se asentó en esta cueva donde podemos observar como se produjeron sucesivas ampliaciones para dar cabida a la comunidad de seguidores que se formó en su entorno, muestra de esto son las tumbas aparecidas junto al monasterio, pertenecientes a los seguidores del santo que aún en la muerte querían mantenerse cerca de él.